viernes, 17 de febrero de 2012

Tal día como hoy

Después de darme cuenta de que hace un año que no escribo en este blog, tal vez esperando una inspiración divina o por el transcurso tan rápido del tiempo y mi incapacidad para detenerme en él, quiero pedir disculpas y ofrezco en esta entrada una pequeña reflexión.

" Intentamos poner orden al caos y no asimilamos que no existe la armonía, que estamos sujetos a un mundo cambiante, a construir una y otra vez castillos de arena. En algún momento de nuestra corta existencia nos detenemos entre tráficos, horarios y tecnologías; y nos preguntamos por nosotros, por el ser humano, por el yo.

Mi pregunta principal es ¿por qué? No encuentro sentido a todo lo que sucede, no existe la libertad y mucho menos la justicia. Y, ¿acaso sirve de algo que lo que pueda hacer? Lo dudo, nada podrá cambiar el caos, nada lo fijará y siempre seguiremos siendo sus títeres."





Dado mi estado de ánimo y el día en el que nos encontramos os dejo un pequeño regalo, agradable para algunos y para otros desolador:


"Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alquien va sembrando el mal
para que yo lo recoja."
G. A. Bécquer.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mañana


Nunca habéis pensado en el mañana? El mañana como fin, y el mañana como día. Me refiero a pensar en ¿qué pasaría si mañana…no existiese? Si mañana no me levanto, si mañana desaparece para mí. ¿Por qué he malgastado el día de hoy en trabajar, estudiar o lo que sea que haga?

Muchas veces lo pienso. Si no existiese un mañana ¿cuántas cosas quedarían por hacer? ¿Cuánto guardaría en mi tintero? ¿Cuántas aventuras me habría perdido? Puede que ninguna, puede que un millón, puede que sólo una y que valiese la pena, puede que no. Puede ser tanta la incertidumbre que preferimos pensar que eso no pasará. Que no nos quedará nada por decir a nadie, que no nos quedará nada por hacer, que hoy estamos completos.

¿Y qué hacemos? Seguir con nuestras vidas, llenándolas de días exactamente iguales, perfectamente aburridos, absurdamente “felices”. Nada modifica el día a día. Sólo, alguna vez, reflexionando en nuestros ratos libres pensamos: ¿y si hago algo diferente? ¿y si me la juego? Y entonces nos respondemos: lo haré, pero mejor, mañana.

lunes, 7 de junio de 2010

La importancia de los recuerdos

Todos necesitamos recordar y ser recordados. Parece algo evidente tener que recordar para poder vivir, para conocer los peligros, para conocer lo que debemos hacer y lo que no. Pero no quiero hablar de ese tipo de recuerdos que nos ayudan a la supervivencia física, sino el tipo de recuerdos que nos ayudan a la supervivencia emocional.

El recuerdo de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros abuelos. Hemos vivido tanto o tan poco tiempo con ellos que no podemos tener memoria de todo lo que nos sucedió junto a ellos, más bien seleccionamos anécdotas que repetiremos una y mil veces en nuestra mente con tal de evocar su recuerdo y evitar de esta manera que mueran o que mueran más si es que no están con nosotros.

Necesitamos evocarlos porque de otro modo nos sentiríamos vacíos, sin raíces, sin cimientos, al fin y al cabo sin apoyo. Llegan a ser tan importantes estos recuerdos que todos nosotros intentamos crear un punto de partida, un primer recuerdo (que puede que no se adapte mucho a la realidad) pero que intentamos mantener ahí, guardado en nuestra cabeza como la joya de la corona.

Mi primer recuerdo se sitúa en una bonita ciudad del norte, en casa de mis abuelos. Allí, jugaba a esconderme detrás del sofá para que no me viese la tía de mi abuela (evidentemente me veía, pero hacía como si se sorprendiese cada vez que yo, ingenua, salía de detrás de aquel sofá). En uno de esos momentos de levantarme y volverme a agachar me di un golpe con el sofá y me quedé sin diente. No recuerdo si me dolió o no, pero quedé por varios años “mellada”.

¿Por qué sigo recordando esto una y otra vez? No quiero que se pierda en los muebles de la memoria, y un día hablando de esto abra uno de sus cajones y encuentre a la joya llena de polvo preguntando el porqué de su abandono. Es mi recuerdo y quiero y necesito que siga siendo así.

Y no hablo sólo de recordar a la familia. Se tienen muchos recuerdos con amigos que quizá no hayas vuelto a ver nunca pero los recordarás con uniforme, con puntos en la barbilla, tirando los zapatos al tejado, haciendo guerras de pelotas de pino, sacándose el carné de coche, cenando juntos…

Por último, el amor. Esos recuerdos que vienen aunque a veces los quieras eliminar, los que te hacen llorar, los que te hacen reír, los que evitas o los que llamas a gritos. Es curioso, son los recuerdos que más se quieren borrar y los que más se resisten a ser borrados. Porque cuando puedes sentirte querido lejos de la familia, cuando alguien te da todo lo que esperas y sobre todo, cuando tú das todo lo que puedes, se crea una especie de vínculo que no se puede romper. Esto hace que recordemos todos los amores, que a pesar de un primer odio, tras razonarlo nos volvamos más compasivos, esto hace que vayamos mejorando.

Los recuerdos son la vida y sin ellos es muy difícil ser feliz.

miércoles, 28 de abril de 2010

Sed de veinte años



Corre el tiempo, saltan sus manillas, suenan sus campanas. De nuevo el despertador ¿otra vez? ¡levanta! ¡anda! ¿no ves que vuelve a brillar el sol? Quizá con este calor sea mejor ir a la playa, pero ¿cómo? Aquí no hay…¿Qué hay? No hay nada, no queda nada.
Sólo estamos tú y yo.
La piedra ocre está recordándonos que estamos solos, que este sol es el mismo que mañana y fue el mismo hace cien años. Pero mañana yo no seré la misma, ni soy la misma que fui ayer. ¿Te das cuenta? No te entiendo… Tú no puedes entenderlo, eres inmortal, más que la piedra y más que el sol. Vives ignorando que eres mi mayor ladrón, ¿qué digo? Eres el mayor ladrón del mundo, más que la muerte. Y sin embargo todos deseamos más de ti, eres nuestra droga…
Nos robas desde que nacemos, haces que crezcamos, que enfermemos, que recordemos, que muramos. Nos lo das todo y nada, nos haces desaparecer, nos das la vida. ¡Menudos caprichos! No creas que te maldigo, todo lo contrario, prefiero estar contigo.
Aunque es cierto que sólo tengo veinte años o ya tengo veinte años. De todos modos, pasará ¿verdad? 365 días que van disminuyendo para volver a sumar. Siempre lo mismo, siempre tú. Y yo, hasta…

viernes, 26 de febrero de 2010

Detente tiempo

Volveré a abrir los ojos
esperando ver los tuyos
ahí,
justo delante de los míos.
Y a lo lejos oiremos una melodía
y otra, y otra.
Y el tiempo habrá pasado
mirándote sonreír
imaginando tu reflejo en mis pupilas
mientras susurras esas canciones.
Esas canciones
que intento hacer nuestras.
Y cerraré los ojos,
parando el tiempo,
imaginando que es eterno
que te seguiré mirando,
que seguiremos riendo,
Que nunca cogerás ese avión.

jueves, 11 de febrero de 2010

Once de Febrero


Un febrero más y vuelves a decir lo mismo. Que si te quedaste atrapada en el tiempo y ahora no pasa por ti, que si la juventud puede ser eterna.

Veo tus fotos en las que algunos dicen que me parezco a ti, pero tú te empeñas en que no es cierto, en que nos parecemos “como un huevo a una castaña”.

Y recuerdo, como les pasa a los niños pequeños, que hacíamos palmeritas juntas, que le echábamos mermelada o azúcar. Y recuerdo cuando miraba anonadada la televisión (los power ranger y los caballeros del zodiaco: ¡cuánto pelo!) mientras me dabas las famosas “sopitas” y al terminar tenía que darle un besín al culete de la taza (aunque nunca supe el porqué).

También recuerdo las noches en que estábamos solitas y me dormía en tu “lalita” y rezábamos juntas con ese final “que llevan un niño vestido de…¡seda la nenaaa!”.

Pasa el tiempo, como todo, y se queda esto en mi memoria, y se queda en mí tu carácter sosegado y alguna vez demasiado directo. Y se queda en mí esa música que siempre me has enseñado, los cantautores, toda aquella con la que me has despertado en contadas ocasiones.
Se queda en mí la emoción por un lugar, el querer sin sentido, el saber que ese lugar es mi casa a pesar de no haber vivido allí.

Sobre todo, lo que más agradezco tal vez, es que fuiste tú quien me iniciaste en poesía. Cuando te leía el comienzo de un poema de aquel famoso libro “Las mil mejores poesías” y tú lo continuabas, ¡qué admiración! Quería saber también esas palabras que enrevesadas formaban esas melodías fantásticas.

Estas son las cosas que hace una madre por sus hijas, estas son las cosas que hacen a las hijas recordar a las madres, todo esto me recuerda a ti y tú me recuerdas estas cosas.

Y puede ser que ahora con una de tus sonrisas que todos intentamos imitar alguna vez, tipo mueca, estés sentada delante del ordenador mientras yo intento hacerte este regalo de cumpleaños.

¡Felicidades Mamá! Te quiero mucho.

sábado, 16 de enero de 2010

De exámenes

Trueca mi suerte la hora punta
Revuelo de papeles en el aula
Soplidos, susurros, miradas.
Líneas, preposicionales,
Directos, indirectos y sujetos.
Buscando ayuda no la hallo,
Miro mi papel.
En blanco.